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Descubre de qué se trata la discapacidad por pérdida auditiva

La discapacidad por pérdida auditiva hace referencia a la limitación parcial o total de la capacidad de oír que afecta a la comunicación, la interacción social y, en muchos casos, a la calidad de vida de la persona.
Este tipo de discapacidad puede presentarse en diferentes grados, desde una pérdida leve que apenas interfiere en la audición diaria, hasta una sordera profunda que imposibilita por completo percibir sonidos.
Entender en qué consiste la discapacidad auditiva es clave para tomar decisiones informadas, acceder a los apoyos necesarios y mejorar la inclusión en la sociedad.
¿Cómo se define la pérdida auditiva?
La pérdida auditiva ocurre cuando una persona experimenta una disminución en su capacidad para percibir sonidos. Esta situación se puede dar en uno o ambos oídos y suele clasificarse en función de su severidad. Es importante diferenciar entre:
Pérdida auditiva parcial: la persona tiene dificultades para escuchar sonidos suaves o conversaciones en entornos ruidosos, pero aún mantiene cierta capacidad auditiva..
Sordera total o profunda: la persona no percibe sonidos ni siquiera con amplificación, lo que requiere métodos alternativos de comunicación, como el lenguaje de signos o implantes cocleares.
La discapacidad por pérdida auditiva no solo se mide por la ausencia de audición, sino también por el impacto funcional que tiene en la vida diaria de la persona.
¿Cuáles son los factores que influyen en la discapacidad auditiva?
La discapacidad por pérdida auditiva puede depender de varios factores:
Grado de pérdida auditiva: cuanto mayor es la pérdida, mayor es el impacto en la capacidad de comunicación y en las actividades cotidianas.
Edad de inicio: una pérdida auditiva en la infancia puede afectar el desarrollo del lenguaje y la socialización, mientras que en la adultez suele impactar en el ámbito laboral y social.
Intervención temprana: la detección y tratamiento precoces, mediante audífonos, implantes cocleares o terapias auditivas, pueden reducir significativamente las consecuencias de la discapacidad.
Factores contextuales: el acceso a tecnologías asistivas, recursos educativos y entornos adaptados influye en cómo una persona con pérdida auditiva enfrenta su día a día.
La discapacidad auditiva como limitación funcional
Para que una pérdida auditiva se considere una discapacidad, debe limitar significativamente las actividades diarias. Esto incluye dificultades para:
Comprender conversaciones, especialmente en entornos ruidosos.
Percibir señales auditivas importantes, como alarmas, timbres o tráfico.
Desarrollar o mantener habilidades de comunicación verbal.
Por ello, la discapacidad por pérdida auditiva no solo se evalúa en términos médicos (mediante pruebas auditivas), sino también a través de su impacto real en la vida personal, educativa y profesional de la persona.
La importancia de reconocer y abordar la discapacidad auditiva
Reconocer la discapacidad por pérdida auditiva es el primer paso para garantizar una vida plena e inclusiva. Un diagnóstico adecuado y el acceso a soluciones como audífonos, implantes cocleares o métodos alternativos de comunicación son fundamentales para mitigar sus efectos.
Además, la sensibilización social y la creación de entornos accesibles desempeñan un papel clave en la integración de las personas con pérdida auditiva.
Clasificación de los grados de discapacidad por pérdida auditiva
La discapacidad por pérdida auditiva se clasifica en diferentes grados según la severidad de la limitación auditiva y el impacto que tiene en la vida diaria de la persona. Esta clasificación no solo es útil para identificar el nivel de afectación, sino también para acceder a recursos, tratamientos y beneficios adaptados a cada situación.
Pérdida auditiva leve
La pérdida auditiva leve suele pasar desapercibida en muchas situaciones, ya que la persona aún puede oír sonidos fuertes y mantener conversaciones en entornos tranquilos. Sin embargo, comienzan a surgir dificultades en situaciones específicas:
Problemas para escuchar sonidos suaves o lejanos.
Dificultades para seguir conversaciones en ambientes con ruido de fondo.
Necesidad de pedir a las personas que repitan lo que han dicho.
Rango de audición: Entre 20 y 40 decibelios (dB).
Aunque este grado de discapacidad auditiva no suele ser grave, puede provocar fatiga auditiva y frustración en contextos sociales o laborales si no se trata a tiempo.
Pérdida auditiva moderada
En el caso de una pérdida auditiva moderada, los sonidos cotidianos y las conversaciones normales se perciben con dificultad, incluso en entornos silenciosos.
Dificultad notable para entender el habla sin amplificación auditiva (como audífonos).
Problemas para distinguir ciertas consonantes y palabras.
Imposibilidad de escuchar sonidos como el timbre de una puerta o el canto de los pájaros.
Rango de audición: Entre 40 y 70 dB.
En este nivel, el uso de audífonos es fundamental para mejorar la calidad de vida, permitiendo una mayor independencia y participación social.
Pérdida auditiva severa
La pérdida auditiva severa limita significativamente la capacidad de percibir y comprender sonidos del entorno y conversaciones habladas.
La persona no puede seguir conversaciones sin amplificación.
Incluso con audífonos, se requieren ajustes y esfuerzos adicionales para percibir el lenguaje hablado.
Solo se pueden escuchar sonidos fuertes, como gritos o tráfico cercano.
Rango de audición: Entre 70 y 90 dB.
En este caso, además de los audífonos, pueden ser necesarios métodos de apoyo como la lectura labial o el uso del lenguaje de signos.
Pérdida auditiva profunda
La pérdida auditiva profunda es el grado más severo de discapacidad auditiva. Aquí, la percepción de los sonidos es prácticamente nula.
La persona no percibe sonidos ambientales ni el habla, incluso a volúmenes muy altos.
Se requiere el uso de implantes cocleares para facilitar la audición.
La comunicación suele realizarse a través del lenguaje de signos o sistemas alternativos.
Rango de audición: Por encima de 90 dB.
Este nivel de discapacidad auditiva requiere un abordaje multidisciplinar que combine tecnología asistiva, formación en comunicación no verbal y un entorno inclusivo que facilite la integración.
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¿Qué diferencia hay entre pérdida auditiva y discapacidad auditiva?
La pérdida auditiva hace referencia a la disminución de la capacidad para percibir sonidos, que puede ir desde una leve dificultad hasta una sordera total. Por otro lado, la discapacidad auditiva se produce cuando esta pérdida tiene un impacto significativo en la vida diaria de una persona, limitando su comunicación, interacción social o desempeño profesional.
En resumen: no toda pérdida auditiva supone una discapacidad, pero cuando interfiere en el funcionamiento cotidiano, se clasifica como tal.
¿Qué beneficios o ayudas existen para las personas con discapacidad auditiva?
Las personas con discapacidad auditiva pueden acceder a una serie de beneficios y ayudas, entre las que destacan:
Certificado de discapacidad: permite acceder a deducciones fiscales, ayudas económicas y programas de inserción laboral.
Prótesis auditivas subvencionadas: en algunos casos, los audífonos o implantes cocleares pueden ser financiados total o parcialmente por organismos públicos.
Adaptaciones laborales y educativas: incluyen recursos como subtítulos, bucles magnéticos o intérpretes de lengua de signos.
Ayudas técnicas y tecnológicas: dispositivos como despertadores vibratorios, teléfonos amplificados o aplicaciones móviles que facilitan la comunicación.
Es recomendable consultar con entidades especializadas y administraciones locales para conocer todas las opciones disponibles.
¿Se puede prevenir la pérdida auditiva que lleva a una discapacidad?
En muchos casos, sí. La prevención juega un papel clave para evitar que una pérdida auditiva leve se convierta en una discapacidad. Aquí te dejamos algunas recomendaciones:
Protege tus oídos: utiliza protección auditiva en entornos ruidosos, como fábricas, conciertos o al usar maquinaria pesada.
Evita la exposición prolongada a ruidos fuertes: limita el uso de auriculares a volúmenes altos.
Revisa tu audición periódicamente: especialmente si trabajas en ambientes ruidosos o notas cambios en tu capacidad auditiva.
Consulta a un especialista: ante los primeros síntomas de pérdida auditiva, pide cita para una revisión.
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